El diablo y el dictador
El mundo se muestra de fiesta, existía alrededor de todas las naciones del mundo un sentimiento de estupefacción y alegría por la tan esperada noticia. Finalmente el terrible y sanguinario dictador de la entonces llamada nación del oro negro encontró su muerte mientras se dirigía a la apertura de una nueva central nuclear, parece ser que lo que no lograron los mejores asesinos a sueldo que pudieron financiar los exiliados y disidentes políticos lo había logrado una mala combinación de pastillas y alcohol, aunque supuestamente dicen que hubo cierta mujer involucrada en su subida de tensión, lo cierto es que esa mañana el pueblo de la nación del oro negro se sintió bendecida.
Mientras en el mundo terrenal se encontraban de fiesta la nación del oro negro y el resto de las naciones democráticas, por otro lado en los estratos bajos a donde pertenecen las almas de los malhechores y torturadores donde correspondan todos aquellos que hicieron sufrir a la humanidad, donde por supuesto los dictadores ocupan un lugar predilecto en la lista de los preferidos por los demonios, quienes estaban ansiosos por recibir al nuevo dictador que venía ya por la ruta más segura hacia este cariñoso lugar que llamaban el infierno.
Las llamaradas del lugar no hacían más que sucumbir el espíritu de los hombres a una interminable calamidad de la cual nunca podría escapar, estas llamas de color negro no solo quemaban la piel sino que después de quemarla la regeneraban para que después otra llama pudiera volver a quemar al sujeto en cuestión. El infierno se asemejaba a una caverna gigante, una especie de abismo profundo donde solo ves caminos hacia abajo y cada vez encuentras más mazmorras, mas calabozos y mientras más bajas tus miedos de ser miedos y se sin en los centinelas que ahora vigilan tus pasos.
Bienvenido Dictador –dijo una voz jocosa, que aspiraba una terrible nube de carbón-
Ten más cuidado con quien te diriges, asquerosa bestia de tres ojos –escupió el dictador al suelo, parecía que no se percataba de su situación actual-
¿Eres el dictador del país del oro negro cierto? Un siervo diabólico le pregunto mientras amenazante apuntaba su lanza de hierro oxidada a su cuello
Si, algún problema con eso - grito el arrogante, mientras quitaba de su vista la lanza con las manos-
Su eminencia –refiriéndose el siervo al aspirador de carbón, quien era su superior-
Esta porquería de ser muerto merece un buen festín por sus buenos modales –su sonrisa no podía ser más terrorífica
El superior asintió con la cabeza, una vez sucedido esto el dictador que ya había visto a varios de sus ex colaboradores en las cercanías había decidido echar a correr tras ellos y luego emprender la huida por las grandes escaleras plateadas por donde él había bajado, en ese momento asumía que si hacia esto podría volver al mundo terrenal puesto que el muy cabezota quería ir a la apertura de su central nuclear.
En el momento en que el siervo demonio hecho garra sobre el dictador este de un codazo se lo quitó de encima y echo a correr hacia donde estaban sus colaboradores, pero antes de poder llegar a ellos el siervo lo atravesó con su lanza por el costado derecho del pecho, una hemorragia interna segura y mientras el dictador sintió ahogarse en su propia sangre, el siervo desplego sus alas y dio rumbo a un templo que se encontró en una posición elevada de modo de vigilancia, sin embargo el lugar se arruinó en ruinas.
Una vez el dictador fue arrojado sobre el destruido templo por el demonio, quien se arrodilló y bajo sus armas mientras pronunciaba unas palabras que el dictador no logre comprender. Luego de esto el dictador parecía que se había desmayado y que moriría, cuando fue testigo de la aparición de un ser tenebroso como ninguno de los antes vistos, este nuevo personaje llego montado sobre una serpiente que estaba enroscada entre las columnas del templo y al momento de descender se dirigió a él y le dijo
Mi nombre es Malgalad, mano derecha del diablo y su especialista en torturas, me han dicho que tú eres una persona muy querida allá arriba y que aquí no has hecho más que ganar amigos –sonreía el muy delgado y pálido demonio, quien con ropajes blancos y rotos sin nada que temerle más que a sus ojos amarillos que parecían peor tormento que los ojos de la serpiente
El dictador a punto de volver a morir junto todas sus fuerzas y golpeo al tal Malgalad en su rostro con su puño. Este solamente tomo su mano la apretó con fuerza y con un pulso quirúrgico introdujo una de sus uñas que se había vuelto una garra para penetrar en la piel de su mano y de un movimiento extrajo todos los huesos de la muñeca del dictador, este solamente gritaba de dolor mientras su sangrado era detenido por el mismo Malgalad con su otra mano, de esta forma su sufrimiento por no sentir sus huesos en la mano derecha le serian mayor tortura que una muerte tan piadosa como hubiera sido ahogarse en su propia sangre
Nuevamente Malgalad se acercó al cuerpo del dictador que en el suelo revolcándose de dolor no hacía más que ensuciar su uniforme verde con tantas medallas que no podía sentirse cómodo mientras se revolcaba sintiendo cada nervio de su mano entraba en contacto con la piel sin hueso y los estímulos involuntarios que le aterraban
Yo sé quién eres, te llamaban Calígula tus detractores, otros te conocían como don Raúl yo te llamare ovejita y serás la oveja de la cual más me ensanchare de hacerla sufrir por todos los tiempos, no por bien a los que hiciste sufrir sino porque disfruto tu dolor
De una forma que debe darse por admirar, el dictador tomo al demonio por su mano izquierda y gritándole le dijo
Escúchame bien hijo de la gran puta, tú no eres nadie ante mí, si bien hoy estoy en el suelo pronto tú probaras este polvo y este infierno que me haces a mí, será el cielo comparado con lo que te haré –cada palabra era una maldición y una fuerte promesa de voluntad- al final grito
Yo haré de este lugar infernal mi nuevo parque de juegos y mi nombre es Pablo Santillana –y con su última gota de saliva le escupió directo en los ojos-
Malagad solo rio y se limitó a mirar al otro demonio que contemplo la escena con una estupefacción que no había conocido hasta ese momento, sin duda el dictador no era flexible inclusive acá. Le ordeno al demonio
Llévate a este a la casa de los muñecos
Sí señor, asintió rápidamente y procedió a recoger al tal pablo, entonces mientras comenzó a volar en rumbo a la tal casa de los muñecos, Malagad decía para si
Este dictador será un interesante aquí, no hay duda de eso.
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